El 14 de abril de 1912, el transatlántico más grande y lujoso del planeta chocó con un iceberg en el Océano Atlántico y se hundió. Se lo consideraba, también más seguro. Violeta Jessop, una camarera nacida en Bahía Blanca, sobrevivió y le salvó la vida a un bebé.
En sus memorias, Violeta Jessop cuenta que esa noche volvió a ver, como si las estuviera viviendo, las imágenes fragmentadas del naufragio del transatlántico más imponente del mundo, en el que se había embarcado como camarera el 10 de abril de 1912, cuando zarpó desde Southampton con destino a Nueva York para hundirse 5 días más tarde, después de chocar con un iceberg.
La colisión ocurrió la noche del 14 de abril. Después de muchas vacilaciones, el capitán Edward John Smith ordenó la evacuación, pero ya la mayoría de los pasajeros y la tripulación estaban condenados a muerte por una imprevisión. El “RMS Titanic” tenía prevista una dotación de 64 botes para 65 personas cada uno, pero como los fabricantes lo consideraban inhundible, solo llevaba veinte y solo se pudieron abordar dieciséis. De las 2225 personas que, entre tripulantes y pasajeros, estaban a bordo, solo 706 sobrevivieron.
“Me ordenaron que subiera a cubierta. Al principio los pasajeros paseaban tranquilos, pero después empezó la desesperación. Las otras camareras y yo vimos cómo las mujeres se aferraban a sus maridos antes de que las metieran en los botes salvavidas con sus hijos. Entonces, un oficial nos ordenó a nosotras abordar el bote número 16 para demostrarles a las mujeres que era seguro”, escribió Violeta en sus memorias, publicadas por sus sobrinos después de su muerte con el título “Sobreviviente del Titanic”.
Más allá del miedo, recuerda haber mantenido la calma por una cuestión de experiencia, ya que menos un año antes había sobrevivido a un choque de barcos. Sabía que descontrolarse era lo peor. Quizás porque la vio tranquila, un oficial la eligió a ella para salvar al bebé. Subió a bordo del carguero todavía con el bebé en brazos y una vez que pisó cubierta, una mujer prácticamente se le tiró encima, le arrebató a la criatura y se alejó sin siquiera dirigirle la palabra. Violeta no volvió a verlos, ni a ella ni al bebé. Todo había terminado. Violeta Jessop fue la única argentina que sobrevivió al hundimiento del Titanic.







