En un revival de las recordadas «relaciones carnales» de los años noventa, Javier Milei será el primer presidente argentino en participar de la celebración del Día de la Independencia de Estados Unidos.
Javier Milei se convertirá este martes en el primer presidente argentino de la historia en asistir a la celebración del Día de la Independencia en la Embajada de Estados Unidos. En Casa Rosada confirmaron a El Destape la presencia del mandatario. Nunca antes un Presidente había participado de este evento en Buenos Aires en conmemoración del 4 de julio. No lo hicieron ni la última dictadura militar ni Carlos Menem, ambas administraciones identificadas con las mayores relaciones carnales que tuvo Argentina con ese país.
En el Gobierno argumentaron esta decisión ante El Destape: «Porque son los 250 años, no es un año cualquiera». Es que se cumplen 250 años de la independencia norteamericana. Sin embargo, en los 200 años —un aniversario redondo—, en 1976, ni el dictador Jorge Rafael Videla asistió. Para el mileísmo, la presencia de Milei tiene una enorme importancia simbólica.
Al Presidente lo acompañará su gabinete y dirigentes de La Libertad Avanza. Lo harán luego de la jura del nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, donde además estarán presentes 14 gobernadores. Algunos de ellos también asistirán posteriormente al festejo de la independencia de Estados Unidos. Se trata de Raúl Jalil (Catamarca), Leandro Zdero (Chaco), Juan Pablo Valdés (Corrientes), Carlos Sadir (Jujuy), Alfredo Cornejo (Mendoza), Rolando «Rolo» Figueroa (Neuquén), Alberto Weretilneck (Río Negro), Marcelo Orrego (San Juan), Claudio Vidal (Santa Cruz), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Gustavo Sáenz (Salta), Jorge Macri (Ciudad de Buenos Aires) y Martín Llaryora (Córdoba).
Relaciones carnales, bis
La expresión «relaciones carnales» se remonta a 1991, cuando el entonces canciller argentino Guido Di Tella buscó definir el nuevo vínculo que el gobierno de Carlos Menem pretendía construir con Estados Unidos.
La frase fue pronunciada durante un encuentro con las máximas autoridades del Banco Interamericano de Desarrollo, en Washington, donde Di Tella explicó la política exterior que impulsaba el gobierno argentino.
«No queremos tener relaciones platónicas; queremos tener relaciones carnales y abyectas.»
Con esa expresión, el canciller buscó marcar un giro de 180 grados en la política exterior argentina para reemplazar lo que consideraba una relación «fría» con Estados Unidos por otra plenamente comprometida con sus políticas. El propio Di Tella sostenía que la frase era deliberadamente provocadora y que ayudaría a generar un «shock cultural». Con el paso del tiempo, aquella definición terminó convirtiéndose en el emblema de la política exterior del menemismo.
Actualmente, el gobierno de Javier Milei —que instaló un busto del ex presidente riojano en la Casa Rosada— parece recorrer el mismo camino, tanto desde lo simbólico y cultural como desde las decisiones concretas de gestión.
Hace unos días, el periodista de El Destape, Ari Lijalad, recordó que apenas asumió Donald Trump, la Casa Blanca manifestó públicamente su interés por los minerales críticos argentinos. Posteriormente, ambos gobiernos firmaron un memorando de entendimiento sobre esos recursos. Según destacó el periodista, uno de sus puntos establece que Argentina deberá informar a Estados Unidos cada vez que encuentre minerales críticos.
Apenas asumió Trump dijo que quería nuestros minerales críticos y lo publicó en la web de la Casa Blanca.
— ari lijalad (@arilijalad) June 25, 2026
Luego firmaron un Memorandum de entrega de nuestros minerales críticos.
El punto 4 dice que Argentina tiene que avisarle a EEUU cada vez que encuentre minerales.
Y ahora… https://t.co/tpzwYp5mY0 pic.twitter.com/TVJ6oZ082t
La historia juzgará el derrotero del actual gobierno anarco-capitalista, que exhibe sin disimulo una subordinación complaciente hacia Estados Unidos. Un comportamiento que parece dejar de lado cualquier reparo diplomático para dar lugar, finalmente, al verdadero fin de la metáfora: aquello que en los años noventa fue una frase provocadora, que incluso generó el arrepentimiento del propio Di Tella, hoy parece convertirse en un hecho político con el sello del actual gobierno, caracterizado por lo burdo y lo explícitamente servil.







