Escenario de muchos de los momentos más importantes de la historia colectiva del país, la Plaza de Mayo y otras localidades se llenaron de almas dolidas por la muerte del mítico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota a los 77 años
La repentina muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari, uno de los bastiones del rock nacional, paralizó a todo el país. De norte a sur y de este a oeste, grandes y chicos se encolumnaron para celebrar una última misa ricotera. Aunque, esta vez, la tradicional fiesta se replicó en simultáneo en casi todas las capitales para despedir al ídolo que tuvo “el pogo más grande de la historia”.
El campo improvisado que se montó en la Plaza de Mayo mostró un crisol de fanáticos que volvieron a juntarse con una misión: despedir al Rey. Nadie sabía del todo quién organizó la despedida, pero todos se sabían las canciones del hombre del falsete que también estaba en las remeras y en los corazones de los presentes.
Entre la multitud, había una mujer que se tatuó “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota” en la cabeza, un pibe de 15 años que se había rateado de la escuela y viajó desde Pacheco e, incluso, una nena de 2 años a cococho de su papá.
La escena la completaron un vendedor de turrones que llevaba la mercadería sobre el hombro y la tristeza en todo el cuerpo y tres sesentonas que habían comprado ropa importada en Florida, pero que también cantaban y lloraban.
El Indio ha muerto y, en el corazón cívico de la Argentina y en la ciudad en la que el frontman redondo tocó por última vez en el año 2000, nadie esperaba ningún anuncio formal para empezar a despedirse.
El llanto, el pogo, el fernet y los abrazos se entremezclaron en el aire con algunos de los versos más inolvidables de la música de este país. Sobre el piso de la plaza, un artista dibujó con tiza a Solari y escribió una de esas líneas: “Donde hay dolor, habrá canciones”.
En la Plaza sonaron “Un ángel para tu soledad”, “Todo preso es político”, “La bestia pop”, “Nadie es perfecto”, “Preso en mi ciudad” y “El arte del buen comer”. Todos cantaron todas. De las bocas del subte, de las paradas de colectivo y caminando desde sus oficinas llegaron los que quisieron despedir al Indio.
Jazmín salió de trabajar en Avellaneda y exhibió sus tatuajes ricoteros, uno por uno. Tiene 36 años y su mamá no la dejaba ir a ver a Los Redondos en sus años de secundaria. “Pero a los 18 ya no me podía decir nada”. Vio al Indio y a Los Fundamentalistas en La Plata, Tandil, Olavarría, Salta y Gualeguaychú. Dijo que Solari “es lo más grande que hay” y que “la plaza se está llenando de gente porque eso es lo que pasa con los mitos populares”.
En La Plata, a menos de 100 km de distancia de la Plaza de Mayo, también se gestó otra misa espontánea en el pleno corazón de la capital bonaerense. En la intersección de la Avenida 7 y calle 50, los platenses también entonaron las canciones del Indio.
Los residentes de la ciudad que lo vio crecer y dar sus primeros pasos en la música, lloraron y compartieron abrazos. De hecho, a modo de homenaje, las autoridades municipales decretaron el duelo por un plazo de tres días.
La partida de “la bestia pop” también tiñó la felicidad de Mar del Plata, donde las banderas y los bombos intentaron replicar otro de los shows del ídolo. En la zona de Avenida Luro y Bartolomé Mitre, la gente comenzó la procesión a partir de las 18:00 horas al pie del Monumento al General José de San Martín.







