La Agencia Reguladora de Productos Sanitarios y Medicamentos (MHRA, por sus siglas en inglés) ha actualizado una guía para que las empresas que producen estos dispositivos puedan obtener una licencia para que sean prescritos dentro del sistema nacional de salud. Siempre y cuando cumplan los mismos requisitos de seguridad, calidad y eficacia que se aplican a medicamentos.
Para contextualizar esta decisión debemos responder las siguientes preguntas: ¿cuál es la evidencia sobre la efectividad de los cigarrillos electrónicos? ¿Tiene sentido su inclusión como producto sanitario?
El problema del tabaquismo como cuestión de salud pública no se reduce exclusivamente a las personas que fuman en un momento determinado, sino que se incrementa a medida que se abandona la categoría de no fumador, y su impacto permanece en el tiempo una vez se deja de fumar. Además, se trata de una cuestión con implicaciones importantes en términos de equidad y justicia social.
Medidas farmacológicas contra el tabaco
El abordaje del tabaquismo planteado por la OMS en su estrategia MPOWER consiste en medidas de salud pública (impuestos, empaquetado neutro, limitación de espacios públicos donde se pueda fumar) y más individuales dentro del sistema sanitario, como el uso de terapias de sustitución de la nicotina (chicles, parches) y de fármacos como el bupropion y la vaneliclina.
El anuncio del NHS británico supondría que los cigarrillos electrónicos, en caso de cumplir con los mismos estándares que otros tratamientos, comenzarían a ofrecerse para ayudar a abandonar el consumo de tabaco.
Pero ¿qué evidencia tenemos de la efectividad de estos dispositivos para dejar de fumar?
Las revisiones sistemáticas y meta análisis disponibles sobre ensayos clínicos indican que la evidencia es, cuanto menos, controvertida ya que no existe una evidencia sólida sobre su beneficio para dejar de fumar, y la calidad de los estudios es, en términos generales, baja.
Por otro lado, existen alternativas cuyo efecto es superior o similar a los cigarrillos electrónicos.
Además, algunos estudios observacionales (en condiciones reales) muestran la pérdida del efecto de los cigarrillos electrónicos mostrado en algunos ensayos clínicos llevados a cabo en condiciones ideales.
A su vez, casi un tercio de las investigaciones sobre estos dispositivos no son transparentes respecto a sus conflictos de interés. Aquellas que son más favorables a los cigarrillos electrónicos presentan con mayor frecuencia conflictos de interés con la industria que fabrica estos productos.
En resumen, tenemos unos dispositivos cuya eficacia en ensayos clínicos no está demostrada de manera sólida y cuyo potencial efecto beneficioso se pierde en estudios realizados en condiciones reales. Además, contamos con alternativas mejores en comparación con los cigarrillos electrónicos.







