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Arranca la era pos-Messi: la Selección deberá aprender a ganar sin el mejor y la dirigencia de la AFA pierde un escudo protector

La emotiva despedida de Lionel Messi como futbolista de la Selección marca el cierre de una era casi imposible de repetir para Argentina. Su adiós excede largamente el resultado de un amistoso de poca monta y obliga a dimensionar todo lo que ha representado para el deporte en general a lo largo de más de veinte años.

Messi no fue solamente el jugador distinto que Argentina necesitaba dentro de la cancha. También fue un líder que puso siempre el cuerpo, que dejó todo por la camiseta y que vivió las caídas como nadie.

Al crack rosarino en ningún lugar de los que jugó le dolieron tanto las derrotas como en la Selección.

Durante dos décadas, su profesionalismo, su talento, su compromiso y una calidad futbolística única funcionaron como un escudo protector para la clase dirigente que conduce el fútbol argentino.

El capitán actuó como un escudo protector para la dirigencia de la ADA (Foto: REUTERS/Rodrigo Valle)
El capitán actuó como un escudo protector para la dirigencia de la ADA (Foto: REUTERS/Rodrigo Valle)

Su presencia permitió que muchas veces quedaran en segundo plano los errores, las improvisaciones y las decisiones discutibles de quienes manejan la Selección. Pero ese escudo empezará a desaparecer en breve porque Messi ya es historia.

Desde aquel 31 de agosto, cuando anunció en redes sociales que su ciclo con la Selección estaba llegando al final, el reconocimiento internacional hacia su figura se multiplicó.

Esa valoración ya existía, pero cobró una dimensión todavía mayor al comprobar que el “10” se retira en un nivel extraordinario. Tan notable que aparece como un serio candidato a ganar una vez más al Balón de Oro después de haber jugado un gran Mundial.

Hace mucho que Messi trascendió los límites del fútbol. Es una inspiración para generaciones de deportistas argentinos, una referencia internacional y el dueño de un legado que seguirá creciendo incluso cuando ya no vuelva a ponerse la camiseta número 10.

Lionel Messi deja la vara muy alta en la Selección argentina (Foto: REUTERS/Rodrigo Valle)
Lionel Messi deja la vara muy alta en la Selección argentina (Foto: REUTERS/Rodrigo Valle)

Por eso merecía otra despedida. Ante un rival de mayor renombre y con un último capítulo rodeado de una escenografía acorde con la dimensión de su carrera.

Sin embargo, su adiós llegó como el cierre de una serie internacional que, por donde se la mire, resultó lastimosa. No solo por el escaso nivel de los rivales elegidos, sino también por todo lo que rodeó a esos partidos. En ese contexto, la AFA volvió a mirar hacia otro lado.

Para sus dirigentes parece pesar más la necesidad de ganar dinero que la obligación de cuidar el prestigio de la Selección. Los amistosos pueden ser un negocio, pero la Selección no debería reducirse a eso. Por encima de los contratos, las recaudaciones y las oportunidades comerciales debería estar el respeto por la camiseta y por el lugar que Argentina ocupa en el fútbol mundial.

Mirar hacia adelante significa aprender de estos errores. Crecer implica dejar de jugar durante un buen tiempo contra rivales tan minúsculos.

Estos partidos ante Bolivia, Burkina Faso y Benín no dejan casi nada. No permiten medir con precisión dónde está Argentina, no exigen competir al máximo nivel y ofrecen pocas respuestas futbolísticas. Mucho menos están a la altura de una selección que pretende seguir siendo protagonista del fútbol mundial.

En esta Fecha FIFA, el equipo de Lionel Scaloni enfrentó a Bolivia, Burkina Faso y Benín (Foto: REUTERS/Rodrigo Valle)
En esta Fecha FIFA, el equipo de Lionel Scaloni enfrentó a Bolivia, Burkina Faso y Benín (Foto: REUTERS/Rodrigo Valle)

Ahora se va el capitán y queda un equipo diferente. También desaparece una ventaja extraordinaria: la posibilidad de contar con el mejor futbolista del mundo para resolver partidos, ocultar problemas y convertir lo excepcional en algo cotidiano. Después de veinte años, la Selección tendrá futbolistas buenos, pero normales. Es una frase incómoda, pero necesaria. El equipo deberá acostumbrarse a ganar seguido sin el 10. Y la dirigencia ya no tendrá detrás suyo su talento incomparable para disimular sus propios errores.

Ese es, quizás, el verdadero desafío que comienza ahora. Argentina deberá demostrar que puede estar a la altura de su historia sin su capitán. Messi deja la vara muy alta. Tan alta como su legado.

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