Tenía 16 hijos, había manejado moto hasta los 100 años y guardaba en la memoria la figura del bandolero Juan Bautista Bairoletto, su padrino de bautismo según contaba. Laurentina Ainó, la persona más longeva registrada en La Pampa, murió este jueves en el oeste provincial.
Nacida en 1917, pasó toda su vida en el secano. No era una anciana de figurar en una estadística: era alguien que los vecinos visitaban para escucharla, y ella hablaba. Con precisión, con humor, con esa memoria intacta que desconcertaba a quienes esperaban encontrar otra cosa. Hasta sus últimos días reconocía caras, recordaba nombres y sostenía sus relatos sin titubear.
La conexión con Bairoletto no era un detalle menor para ella. El mítico perseguido del oeste pampeano, al que los puesteros de la zona escondían y los viejos nombraban en voz baja, había bautizado a Laurentina. Era un hilo directo con una época que hoy solo existe en los libros de historia regional.
Al cumplir 108 años recibió periodistas en su casa y habló sin que nadie tuviera que empujarla. Contó que recorrió los senderos de tierra en moto durante décadas y que dejó de hacerlo recién al llegar al siglo. Cuando le preguntaban cómo había llegado tan lejos, no ofrecía fórmulas. Comía lo que tenía ganas, decía, con una sola excepción voluntaria: la sal.
Deja una descendencia extensa —nietos, bisnietos, tataranietos— y una historia que atravesó buena parte del siglo XX y todo el XXI sin perder el hilo.







