A más de diez años de los hechos, una de las personas afectadas por el empresario santarroseño Eduardo “Chino” Ros relató que las secuelas emocionales persisten y que el temor forma parte de su vida cotidiana.
La víctimas del empresario santarroseño Eduardo “Chino” Ros aseguró que, pese al paso del tiempo y a las instancias judiciales ya cumplidas, continúa viviendo con miedo. En su testimonio, remarcó que las secuelas emocionales de lo ocurrido siguen presentes y condicionan distintos aspectos de su vida diaria.
Según relató, el trauma no desaparece y, en algunos momentos, incluso vuelve a intensificarse. Explicó que situaciones recientes reactivaron recuerdos y sensaciones vinculadas a los hechos, generando nuevamente angustia, inseguridad y dificultades para desenvolverse con normalidad. “No es algo que se supera y listo”, sintetizó, al describir un proceso que, lejos de cerrarse, continúa abierto.
La víctima también hizo referencia a lo complejo que resulta atravesar el camino de recuperación. Señaló que, si bien hubo avances personales y acompañamiento profesional, las marcas psicológicas siguen siendo profundas. En ese sentido, puso el acento en la necesidad de visibilizar el impacto que estos casos tienen a largo plazo, más allá de las resoluciones judiciales.
El caso de Ros tuvo una fuerte repercusión en La Pampa, tanto por la gravedad de los delitos como por el recorrido que atravesó la causa. Durante años, el empresario permaneció prófugo, lo que prolongó la incertidumbre y el dolor de quienes denunciaron los hechos. Finalmente, fue detenido y trasladado a la provincia para cumplir la condena impuesta por la Justicia.
Para la víctima, sin embargo, el paso del tiempo y el avance del proceso judicial no implicaron el fin del sufrimiento. Sostuvo que el miedo persiste y que la sensación de vulnerabilidad continúa siendo parte de su realidad. En ese marco, insistió en la importancia de acompañar a quienes atraviesan situaciones similares y de comprender que las consecuencias no se limitan al momento del delito.
El testimonio vuelve a poner en agenda el debate sobre la contención a víctimas y el abordaje integral de estos casos, donde las dimensiones psicológicas y sociales resultan tan relevantes como las judiciales. Mientras tanto, quienes padecieron los hechos continúan transitando un proceso de reconstrucción personal que, según remarcan, demanda tiempo, apoyo y comprensión.







