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La esposa del jerarca nazi que mato a sus hijos concianuro luego del suicidio de Hitler

Magda, casada con Joseph Goebbels, decidió asesinarlos en el búnker un día después del suicidio de su líder. Luego de la matanza, también se quitó la vida junto a su marido.

Tiene que haber contemplado a sus hijos, vivos, por última vez. Es una hipótesis, no es un dato. Pero no puede haber sido de otra forma porque los seis, cinco mujeres y un varón, la mayor de doce años y la menor de cuatro, descansaban ya en sus camas vestidos con las ropas de los dulces sueños, en las profundidades del búnker de la Cancillería del Reich. Después, Magda Goebbels, llamó al dentista personal de Adolf Hitler, Helmut Kunz, de las SS, para que cumpliera un pacto acordado tres días antes: que la ayudara a matar a sus seis hijos. Le pidió que aplicara una inyección de morfina a los chicos para sumirlos en un sueño profundo para, luego, deslizarles una cápsula de cianuro en la boca y apretarles las mandíbulas. 

En el “Búnker”, sostienen que fue Magda Goebbels quien administró el cianuro y que el médico sólo prestó ayuda en la difícil tarea de lograr que los chicos inconscientes partieran la ampolla con sus dientes. Las culpas cayeron luego sobre Stumpfegger porque murió al día siguiente, 2 de mayo, junto a Martin Bormann cuando los dos huían del búnker para entregarse a las tropas estadounidenses.

En segundos, los seis herederos de los Goebbels estaban muertos. Eran cerca de las nueve de la noche del 1 de mayo de 1945, hace setenta y ocho años, y sobre el gran drama sangriento del Tercer Reich estaba a punto de caer el telón de la locura. Hitler se había suicidado el día antes, 30 de abril, cerca de las tres y media de la tarde. Los Goebbels habían decidido suicidarse también, luego de asesinar a sus hijos y ante la proximidad de las tropas rusas que bombardeaban la Cancillería. El búnker de Hitler era un caos de violencia, desenfreno sexual y borrachera. Después de ayudar a Magda, Stumpfegger la dejó sola, ella se reunió con Kunz y bajaron juntos al estudio de Goebbels, a quien encontraron muy nervioso y caminaba de lado a lado el pequeño salón. Magda le dijo: “Ya hemos terminado con lo de los niños. Ahora debemos pensar en nosotros”. Su esposo le contestó: “Apurémonos. Nos queda poco tiempo”. Entonces, ambos treparon las escaleras hacia los jardines de la Cancillería, para matarse.

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